Termoterapia

Termoterapia

TERMOTERAPIA

Queremos hacer una breve introducción sobre los efectos de la aplicación de la termoterapia en fisioterapia, con el fin de que el paciente entienda el por qué de su aplicación en consulta y en qué situaciones puede aplicarlos él por su cuenta. La termoterapia no se trata de una tratamiento exclusivo sino de un complemento al tratamiento de fisioterapia.

La termoterapia consiste en la aplicación de agentes térmicos directamente sobre el cuerpo, tratándose tanto de una fuente de frío como de calor. Existen diferentes medios para su aplicación.

Efectos del calor

La aplicación de calor sobre el organismo data de la época egipcia, y su uso terapéutico ha sido usado como tratamiento de múltiples patologías desde hace siglos. Para que una fuente de calor tenga efecto sobre el organismo debe aportarnos un calor por encima de la temperatura corporal de 37 ºC, normalmente entre 55 y 60 ºC.

Cuando aplicamos calor sobre la piel los efectos pueden traducirse al tejido subcutáneo rico en vasos sanguineos y linfáticos así como en receptores nociceptivos o dolorosos,  baroreceptores y terminaciones sensitivas de nuestro sistema nervioso periférico. También afectará al tejido fascial, muscular y visceral en función de la zona en la que se apique. El efecto consiste en la vasodilatación por relajación del espasmo de la capa muscular de los vasos circulatorios, con lo que aumentarán su luz interna y permitirán mayor aporte sanguíneo con su consiguiente oxigenación al tejido. Esto baja la hipertonía muscular, genera un efecto analgésico sobre nuestros receptores nociceptivos y mantiene la temperatura corporal en una región en la que se está produciendo un proceso de reparación tras una lesión. El metabolismo se ve acelerado por el efecto del calor, con lo que nuestro sistema inmune mejora, disminuye la síntesis de colágeno, con lo que se gana elasticidad y plasticidad en estructuras que lo contienen como ligamentos, músculos y tendones. El calor provoca igualmente la desnaturalización de ciertas proteínas, por lo que los procesos fibrosos no se ven favorecidos y mejoran con su aplicación. A nivel visceral el calor provoca efecto laxante.

El calor debe aplicarse fuera de los procesos agudos, es decir cuando no existe un proceso inflamatorio incipiente, como por ejemplo en contracturas musculares, sobrecargas, cefaleas de origen muscular, lumbalgias, dolores superficiales, congestiones hepatobiliares, estreñimiento, etc.

Calor seco o calor húmedo:  el calor seco tal como el aplicado con infrarrojos u otras fuentes de electroterapia profundiza menos en el tejido corporal, se aplica para problemas superficiales tales como la articulación de la rodilla, muñeca o musculatura de la espalda. El calor húmedo aplicado a través de sacos o toallas profundiza más y su efecto es más prolongado y agradable, se suele usar más en aplicaciones abdominales, articulaciones y musculatura profunda.

 

Efectos del frío

El frío tiene un efecto lógicamente contrario al calor. Su aplicación sí estará indicada en procesos inflamatorios, de hecho es su principal aplicación. Ante la ruboración, tumoración, enrojecimiento y calor producidos por un proceso inflamatorio no hay mejor remedio que la aplicación de frío sobre él. El efecto vasoconstrictor permite evacuar rápidamente el edema creado por el proceso de reparación celular en una zona inflamada, y su efecto suele ser bastante inmediato.

El principal elemento a usar es el hielo, aunque existen geles que sometidos a una fuente de frío lo conservan durante tiempo y tienen el mismo efecto.

Las cremas de efecto frío aportan un frío más superficial y junto con los spray de cloruro de etilo se usan principalmente como anestésicos superficiales acompañando a un estiramiento muscular.

El frío provocará todos los efectos fisiológicos contrarios al calor.

Ambas fuentes térmicas en el caso de que se coloquen directamente sobre el cuerpo nunca deben aplicarse en contacto directo con la piel, siempre a través de un paño o toalla que evite posibles quemaduras.

Métodos de aplicación de calor en fisioterapia

Por un lado tenemos la electroterapia, dentro de la cual podemos encontrar fuentes de calor de infrarrojos, microondas y onda corta. A través de una inducción eléctrica obtenemos una gama de luz o un tipo de onda electromagnética que nos aporta un efecto calórico. El calor obtenido por la electroterapia es de origen artificial creado por corrientes eléctricas, pudiéndose regular su intensidad y en el caso de la microonda y onda corta profundizando bastante en el tejido corporal.

Por otro lado tenemos las fuentes de calor a través de sacos húmedos o  geles térmicos. Los primeros son tejidos de tela rellenos de semillas o agentes que absorben humedad que son sometidos previamente a una fuente de calor y lo mantienen durante un determinado tiempo. Los segundos son agentes químicos dentro de un recipiente plástico flexible que al contactar entre ellos o ser sometidos igualmente a una fuente de calor lo mantienen prolongadamente. Estas segundas fuentes de calor son más naturales, aunque su intensidad sólo puede regularse según la intensidad de la fuente de calor inicial a la que se sometan.

 

Como conclusión para el paciente, en el caso de sufrir un proceso traumático reciente lo ideal es la aplicación de frío para evitar el proceso inflamatorio. Ante procesos de cefaleas o problemas musculares la aplicación de calor sería la más indicada. No obstante ante la duda es preferible siempre la aplicación de frío antes que calor, y siempre consultar a su fisioterapeuta en casos más específicos.

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