VÉRTIGOS

VÉRTIGOS

LOS VÉRTIGOS

En esta entrada queremos hablar sobre un tipo de episodio sintomático muy frecuente y bastante incapacitante cuando aparece; se trata de los vértigos. En muchas ocasiones aparecen de forma repentina y poco duradera sin haber sufrido episodios previos, o se presentan con un incremento progresivo y con una durabilidad mayor; pueden ir acompañados de signos vagales tales como naúsea, vómito, mareo y trastornos dispépsicos o estomacales.

 

¿EN QUÉ CONSISTE UN EPISODIO DE VÉRTIGO?

El vértigo es considerado un síntoma resultante de la afección de nuestro sistema del equilibrio. Aparece como sensación de inestabilidad en relación al medio que nos rodea, mareo, aturdimiento y dificultad de mantener una postura estable en bipedestación principalmente. La diferencia entre el vértigo y el mareo es que el segundo no tiene por qué provocar una inestabilidad importante, simplemente sensación de embotamiento e hiperpresión cefálica, con leve alteración de las referencias de elementos móviles que nos rodean. El vértigo nos obliga a buscar referencias de apoyo cercanas para no caernos debido a la inestabilidad marcada que provoca.

El vértigo es el resultado del mal funcionamiento de nuestro sistema vestibular situado en el oído interno o la incorrecta interpretación de la información recibida por el cerebelo situado en la parte más inferior de nuestro encéfalo, junto al sistema de las amígdalas y bulbo raquídeo.

El oído interno en su parte más profunda posee un sistema de conductos como si de la concha de un caracol se tratase, dentro del cual se alberga un líquido. El movimiento de ese líquido y la permanencia de su nivel de flotación paralelo a la horizontal ejerciendo determinadas presiones sobre las paredes de los canales cocleares determina nuestra percepción de la estabilidad y del equilibrio a pesar de que nos movamos con relación al medio que nos rodea y que las referencias que tenemos alrededor se muevan incluso estando en una posición invertida.

imagen_oido

El sistema ocular igualmente actúa como receptor para el equilibrio, informándonos de la distancia y posición de los elementos que nos rodean y enviando información a nuestro sistema nervioso central a través de los receptores del sistema muscular ocular, adaptando nuestra postura, movimiento cervical y acciones musculares para hacer frente a las exigencias del movimiento y de los posibles obstáculos o cambios repentinos de nuestra posición. El objetivo de nuestro organismo haciendo referencia al sistema ocular es mantener siempre en la medida de lo posible la posición horizontal de nuestros ojos.

El cerebelo por su parte actúa como la parte de nuestro sistema nervioso central que integra gran parte de la información postural recibida, y adapta nuestra postura y movimiento en respuesta a esa información. El cerebelo es por tanto el centro nervioso especializado en el equilibrio.

 

ETIOLOGÍA Y FISIOPATOLOGÍA DE LOS VÉRTIGOS

La causa de aparición de un episodio vetiginoso puede ser variada. Como hemos comentado son varias las estructuras que pueden influir en la percepción del equilibrio, por tanto la afección de cualquiera de ellas puede desencadenar síntomas vertiginosos.

Podemos clasificar los vértigos abordables por la fisioterapia y la osteopatía en 3 tipos desde el punto de vista de su origen o etiología:

 

Vértigos posicionales de origen auditivo

En este caso de trata de episodios vertiginosos de origen exclusivamente auditivo. Son los llamados Vértigos Posicionales Paroxísticos Benignos, generalmente presentes en pacientes de avanzada edad. Con el paso del tiempo nuestro sistema auditivo se deteriora de forma natural, y los canales semicirculares sufren un proceso degenerativo que libera fragmentos de tejido de sus paredes internas en forma de carbonatos cálcicos llamados otoconias, principalmente en las cavidades del utrículo y el sáculo. Estos fragmentos al encontrarse libres dentro del líquido de los canales semicirculares “engañan” a estos alterando las percepciones de presión que debe ejercer ese líquido sobre las paredes de dichos canales, con lo que el resultado es la desestabilización y el consiguiente vértigo en el paciente. Hay ocasiones que con movimientos de la cabeza bruscos, a veces involuntarios, pueden movilizarse a una posición que no generen alteración y eliminar temporalmente el síntoma. Se trata de vértigos que teóricamente no son abordables desde el punto de vista osteopático, aunque si se puede mejorar la sintomatología que los acompaña en ocasiones, tal como los acúfenos, mareos, cefaleas e hipoacusias transitorias.

El test por excelencia que nos indica la presencia de un vértigo posicional paroxístico benigno es el test de Dix Hallpike, consistente en llevar al paciente desde una posición de sedestación con el tronco incorporado a una posición de decúbito de forma rápida, manteniendo unos 20 º de extensión cervical y 40º de rotación cervical primero a un lado y luego a otro. Si aparecieran alteraciones visuales tipo nistagmus (movimientos laterales rápidos de los ojos) será positivo.

dix hallpike

Por norma general este tipo de vértigos aparece en los movimientos rápidos de rotación de la cabeza incluso estando en una posición de tronco estática.

 

Vértigos de origen vascular cervical

La vascularización del oído está determinada por la arteria laberíntica, rama que se introduce a través del hiato de Falopio en el hueso temporal, recorriendo el interior de dicho hueso junto con el nervio auditivo u VIII par craneal, para vascularizar todo el tejido del interior del oído. Dicha arteria proviene de la ramificación en la base del cráneo de la rama comunicante posterior o de la unión de la arteria carótida interna junto con el tronco basilar en el polígono de willis, a veces directamente del tronco basilar. Este polígono arterial situado en el interior de la base del cráneo es el resultado de la unión de las dos arterias vertebrales en el tronco basilar en su entrada por el agujero magno del hueso occipital y de las 2 arterias carótidas internas que acceden al cráneo por dos orificios carotideos en la base de los huesos temporales. Adjuntamos un esquema visual para poder entender mejor el origen y recorrido de todo este sistema arterial.

poligono willis

El interés de esta vascularización radica en que cualquier alteración de la columna cervical, tal sea una fijación articular o un espasmo muscular pueden afectar a la vascularización de las arterias vertebrales o carótidas hacia el cráneo, afectando consecuentemente a todas las ramas arteriales del polígono de Willis. Ésta es una de las principales causas de afección vascular craneal. Si la arteria laberíntica resulta afectada lógicamente no generará un buen aporte sanguíneo del oído, y si esté no tiene buena oxigenación su función se verá alterada provocando vértigos entre otros síntomas.

Este tipo de vértigos aparecen generalmente a los cambios de postura, es decir al incorporarnos partiendo de una posición de sedestación ó al incorporarnos estando previamente tumbados, debido a la modificación brusca en la presión arterial ortostática por el cambio repentino de la fuerza de gravedad sobre nuestro cuerpo.

Los test que solemos usar para diagnosticar este tipo de vértigos son el test de Klein, de compresión de las arterias vertebrales, colocando la región cervical del paciente en máxima extensión y leve rotación. Si pasado un tiempo aparecen signos de alteración visual o mareo resultará positivo. Igualmente si realizamos una presión con nuestros dedos en la región suboccipital y simplemente así provocamos mareo o inestabilidad, será un test indicativo de sufrimiento de las arterias vertebrales a su paso por la región cervical alta.

Otra manera de diagnosticarlos es situando al paciente sentado sobre un taburete giratorio. Si mantenemos la cabeza fija con nuestras manos y hacemos girar el resto del tronco incluyendo la columna cervical y aparecen signos de inestabilidad estamos confirmando la afección cervical y descartando la de origen auditivo.

 

Vértigos de origen mecánico cervical

Las estructuras que se ven afectadas en estos vértigos son las mismas arterias vertebrales y carótidas internas, solo que en este caso es directamente el sistema muscular cervical el responsable de su compresión, principalmente en la región de inserción de la musculatura suboccipital en las líneas óseas del hueso occipital y de la primera vértebra cervical o atlas. El paciente que acude con este tipo de vértigos frecuentemente sufre de cervicalgias agudas y episodios de bloqueo articular importante y repetitivo tipo tortícolis.

 

Vértigos de origen vascular cerebeloso

Cuando en la misma situación mencionada anteriormente las estructuras arteriales que se ven afectadas son las arterias cerebelosas anterosuperior, anteroinferior y posterior, existe una limitación de  oxigenación por falta de aporte sanguíneo, siendo el cerebelo la estructura afectada en este caso, con el consiguiente vértigo asociado.

Vértigos de origen mandibular e intracraneal

Cuando existe un desequilibrio en la articulación de la mandíbula y el cóndilo mandibular derecho o izquierdo se encuentra en un estado de compresión, anterioridad o posterioridad, mantenido en esa posición por el sistema muscular de la masticación, el hueso temporal que se articula con él formando las articulaciones temporomandibulares puede ver afectada su movilidad. Si el hueso temporal que contiene en su interior al complejo del oído no realiza correctamente sus movimientos de flexo-extensión durante nuestros ciclos respiratorios lógicamente alterará el funcionamiento de las estructuras que pasan por su interior, entre ellas el nervio auditivo, la arteria laberíntica y complejo anatómico del oído. Uno de los síntomas que puede aparecer debido a esta situación es el vértigo.

Igualmente la región occipital puede sufrir procesos de hipomovilidad, en este caso suele estar muy relacionado con los problemas de la columna cervical alta. Esto conlleva la afección del mencionado polígono arterial de Willis y la consiguiente alteración de la vascularización del oído, desencadenando un posible vértigo. Las tensiones de la duramadre (meninge que tapiza todo el interior del cráneo) pueden igualmente afectar a la movilidad del hueso temporal y afectar al complejo del oído.

 

TRATAMIENTO FISIOTERÁPICO Y OSTEOPÁTICO

En todos los casos el fisioterapeuta y osteópata descartará a través de sus test diagnósticos, de la recopilación de información del paciente y de su ojo clínico que no exista ninguna patología de base endocrina, vascular, tumoral o neurológica que pueda estar influyendo en el episodio vertiginoso. De ser así el tratamiento estaría totalmente contraindicado y se derivaría al paciente al especialista correspondiente.

Si tras el diagnóstico se determina que existe un vértigo con componente de origen cervical, mandibular o craneal, el fisioterapeuta y osteópata podrá abordarlo desde el punto de vista de la terapia manual. El objetivo será principalmente el de mejorar la vascularización que reciben tanto el cerebelo como el oído interno, con lo que su función relacionada con el equilibrio se normalizará. Igualmente habrá que mejorar la situación postural global con el fin de que el cerebelo reciba una información de referencias posturales adecuada.

En el tratamiento comenzaremos trabajando la región cervicotorácica, zona donde se sitúa el centro de control vascular neurovegetativo de toda la región cervical y craneal, se liberará la región cervical alta para mejorar la movilidad de la base del cráneo y aliviar tensiones arteriales y musculares en esta región. Se abordará la región torácica con el fin de influir sobre el cayado de la arteria aorta torácia, de la cual emergen todas las ramificaciones arteriales que circulan hacia miembros superiores, región cervical y cráneo.

Posteriormente se procederá al abordaje craneal, que consistirá en normalizar las restricciones de movilidad sobre todo del hueso temporal, así como de la base del hueso occipital, zonas obligadas de pasaje de las arterias vertebrales hasta su ramificación en las arterias laberínticas. Se realizarán técnicas de bombeo vascular intracraneal para mejorar la circulación venosa y por tanto el consiguiente aporte arterial intracraneal que incluye al oído. Abordaremos la mandíbula desde el punto de vista muscular y articular para lograr un equilibrio y que el hueso temporal no se vea afectado. Por último se trabajará toda la musculatrua mandibular y cervical con el fin de relajarla.

Conclusión: los vértigos son síntomas frecuentes que pueden ser abordados por la fisioterapia y la osteopatía siempre y cuando se deban a las situaciones que hemos mencionado en el presente artículo, siendo los resultados muy satisfactorios en un plazo de tiempo que puede ir desde las pocas semanas a los 3-4 meses según nuestra experiencia. Animamos a todos los pacientes que sufran de esta patología consultar con su fisioterapeuta y osteópata para averiguar si se trata de un vértigo que se pueda solucionar con la terapia manual.

 

 

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